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Clausurado el XX Capítulo General

El día 3 de agosto de clausuró el XX Capítulo General de la Congregación de Hermanas Oblatas en Ciempozuelos.
El nuevo equipo que dinamizará la Congregación en los próximos seis años es:
Superiora General: Lourdes Perramon Bacardit
Vicaria y 1º Consejera: Luz Angélica García Plata
2º Consejera: Roseli Consoli do Prado
3º Consejera y Ecónoma: Julita Nuñez López
4º Consejera y Secretaria: Rosario Echarri Preboste

En este capítulo se retoma el recorrido congregacional de los últimos veinticinco años y emanan las líneas orientativas, que implusarán la vida de la congregación los próximos seis años.

A continuación reproducimos el mensaje de la nueva superiora general en la clausura del capítulo.

Llegamos al final de este XX Capítulo General.
Un Capítulo que nos convocaba con el eco de Recrear nuestra vida religiosa Oblata, el deseo y empeño de avanzar en la misión compartida y la voluntad de encontrarnos y ponernos rostro ya desde la nueva estructura congregacional en tres provincias.
El repaso agradecido al sexenio, a través de la memoria narrativa y el informe económico, nos puso en esa clave de mirar para reconocer el paso de Dios, descubrirnos coparticipes, junto con la diversidad de personas con quienes compartimos la vida, en la construcción de nuestra casa y familia congregacional, que se hace oportunidad y gracia para las mujeres y, junto con ellas y orientadas por el Espíritu, abrirnos con esperanza al futuro.
Esa misma clave, mirar desde Dios el camino ya recorrido, con todo lo que tiene de búsqueda constante, fidelidad congregacional, entrega, generosidad y enriquecimiento mutuo, nos ha hecho sentirnos orgullosas de lo que somos y, sin negar nuestros desaciertos y limitaciones, seguir comprometiéndonos en caminar unidas teniendo la misión como elemento configurador.
Sin embargo, el momento es nuevo, complejo y desafiante. La unificación de las provincias es aún incipiente y requiere tiempo, diálogo y acompañamiento para ser asumido y consolidado; la realidad social y eclesial, y muy especialmente la de las mujeres, espera y necesita de nuestro carisma, vivido y compartido con otros y otras, para seguir creando espacios de Reino y favoreciendo procesos de vida y liberación.
En estos días, apoyadas por asesores que nos han acompañado, orientadas por las hermanas de la comisión precapitular y las que han compuesto la mesa coordinadora, secretarias y escrutadoras, las hermanas de la comunidad que nos han acogido y facilitado la vida, a quienes agradecemos su servicio y acierto, contando también con las aportaciones las aportaciones de las laicas y laico y de todas en la sala, grupos y liturgia, y, sobretodo, atentas todas a la escucha de Dios, hemos sentido la llamada a recrear, resignificar y explicitar nuestra identidad, como vida religiosa apostólica, fortaleciendo nuestra vocación de mujeres seguidoras de Jesús, quien nos llama, convoca y envía como oblatas.
Las líneas orientativas que nos hemos dado serán nuestra guía y referencia en esta llamada que transita toda nuestra vida a nivel personal, comunitario, provincial y congregacional. Una llamada que tendrá a su vez proyecciones varias según la diversidad de realidades en la vida fraterna, la misión compartida, los proyectos, la pastoral vocacional y el modo de vivir cada una corresponsablemente este momento.
Desde el primer día nos han acompañado como símbolo las semillas. Son expresión del fruto recogido de estos seis años. Fruto que hemos regado, cuidado y abonado entre todas pero que se ha hecho especialmente fecundo contando con el acompañamiento generoso, responsable y audaz del Gobierno general que ahora finaliza, a quien agradecemos de corazón el haber propiciado este recorrido.
Las semillas son a la vez germen de nueva vida. La vida que desde hoy comenzamos a soñar, y que queremos acompañar y favorecer desde el nuevo equipo en quien habéis depositado la confianza y que asumimos, con disponibilidad este servicio contando con la implicación y apoyo de toda la familia oblata. Es momento para el agradecimiento y la esperanza, la misma esperanza y confianza de quien en la semilla diminuta del grano de mostaza, es capaz, como nos indica la parábola evangélica, de escuchar ya desde ahora, el canto de los pájaros que se posarán en sus ramas cuando aún no ha sido sembrada.
Gracias por haber traído estos días en esta sala la riqueza y diversidad congregacional, también las preocupaciones, dudas y desafíos, por haber hecho posible el discernimiento y por seguir apostando desde lo que somos y tenemos por seguir caminando en comunión y construyendo futuro.
La Madre Antonia y el Padre Serra han velado por nosotras y lo seguirán haciendo por toda la congregación. Con esta certeza y fiadas en Jesús, que nos sigue llamando cada día y nos envía, damos por clausurado este vigésimo capítulo general. 

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